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Triple salto mortal (sin red y con tiburones)

per Jordi Sedano

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Jordi Sedano./

Ha fallecido Suárez, mi referente político. Un hombre, en mi opinión, prudente comprometido con España y valiente al que, por fin, la historia espero que juzgue con la objetividad que se merece. Suárez, aunque hoy hasta sus más duros detractores lo describan en clave mesiánica, no fue un excelso parlamentario (en esta vida uno no lo puede tener todo), pero sí fue, para mí sin duda, el mejor Presidente de nuestra joven Democracia y por supuesto el Presidente de Gobierno más cercano y carismático (aunque también lo fue, y mucho, Felipe González). Suárez fue un Presidente extraordinario en un momento, también  extraordinario, de nuestra historia.

Perdónenme pero hoy, más que pena por la muerte de alguien a quien he admirado políticamente, siento cierto desasosiego después de ver, durante la semana, a tanto político pastoso y periodista adulador elogiando la figura de Suárez. Excesivas las inflamadas loas, que llegan tarde y mal a modo de remordimiento de conciencia de algunos. Yo, que siempre he sentido una tremenda debilidad, e incluso cierta fascinación política por Suárez, pues va y resulta que hoy no siento ninguna pena, ni me atrae demasiado la idea de rasgarme las vestiduras por su muerte, como a tanto fariseo político y mediático que anda suelto. Es más, estoy contento, porque hoy Suárez descansa, por fin,  en paz junto a los suyos, que son muchos y demasiado cercanos.

Estoy seguro que el Ex-Presidente Suárez tiene un buen lugar reservado allá arriba. Se lo ha ganado. Las miserias de lo terreno, los aduladores, fariseos  y traidores de turno se quedan aquí con nosotros.  Él hoy está ya por encima del ornato y del boato. Hace ya muchos años que se ganó el cielo a pulso. Suárez ha sufrido tanto. España fue tan injusta con Suárez. La vida y la política lo pusieron tantas veces a prueba… A Suárez, le dieron tanto palo injusto y recibió tanta incomprensión por parte de tantos que, perfectamente, podría decir como Miguel Hernández aquello de “por doler me duele hasta el aliento…”.

Suárez, mi querido Presidente, tendría muchos defectos, como todos, y  se equivocó en muchas ocasiones, como todos, como siempre reconocía, abiertamente. Pero Suárez hizo siempre gala de una integridad que ha marcado un estilo propio. Suárez sí que tuvo talante, talento y arrestos para tomar decisiones y soportar estoicamente la incomprensión del ejército tardo-franquista y la incomprensión de la derecha y de la izquierda. Realizó una tarea y ejerció una responsabilidad que sólo podía llevar a cabo un hombre como Suárez. Un hombre  consciente de las dificultades de su responsabilidad en un escenario del  cual era casi imposible salir sin ser descuartizado política y personalmente. España, la España democrática, fue su obsesión y su vocación. Su papel fue decisivo en la transición y punto.

El mismo político que tuvo la valentía de legalizar el Partido Comunista, ayudar en la consolidación de la Corona, y dar pasos de gigante para que la libertad democrática llegase a España, de una vez por todas, fue poco a poco denostado y machacado por los poderes fácticos y mediáticos de siempre. Tiren de hemeroteca y verán a periodistas destrozando a Suárez infámemente al dictado de sus amos de turno. A la diestra y a la siniestra…

En cuanto a los compañeros de Partido, por llamar de algún modo a los traidores, que los hubo y muchos, no está mal recordar la dura realidad que tuvo que sufrir…”cuerpo a tierra que vienen los nuestros”, diría seguramente Suárez si pudiera. Sólo Gutiérrez Mellado y unos pocos mantuvieron el tipo junto a Suárez en aquella jaula de grillos, donde los que empezaban a oler el fin de ciclo le abandonaron. Nada nuevo bajo el sol. Los carroñeros políticos son una plaga inagotable en la historia de la humanidad. No se ha descubierto ningún plaguidica todavía… y dudo que se descubra.

El Rey, ahora tan compungido, y coincido con la opinión de muchos expertos en La Transición, creo que pudo haber tenido gestos más solidarios en su dura travesía del desierto, por decirlo de algún modo suave. Fue el Rey, quizá, el primero que vio, claramente, que sólo un hombre con fuertes convicciones como Suárez sería capaz de hacer aquel “triple salto mortal, sin red y con tiburones por doquier”. Y a la Corona le vino “de perlas”.

Evidentemente, Suárez ya había dado de sí todo lo que la misma Transición y la propia Monarquía  necesitaban. Suárez fue una especie de vitamina “C” necesaria para alimentar la débil e incipiente transición democrática. Pero una vez exprimido el limón y asimilada la vitamina “C” ¡ya se sabe¡ Darwin siempre tuvo razón: sobreviven los más fuertes, los “sin escrúpulos…”

Suárez fue siempre una “víctima consciente” del sistema y del momento. Había que tomar decisiones muy difíciles por el bien de España. Y lo hizo. ¡Ya lo creo que lo hizo! Se enfrentó al ruido de sables, sufrió el azote de ETA un día sí y otro también. Todo ello aderezado con huelgas, movilizaciones y una situación económica caótica, con una inflación galopante y  un país con estructuras arcaicas en el que casi todo estaba por hacer. Un país con ansia democrática, pero con el penitente trauma a cuestas de una guerra fraticida no superada y pegada con “loctite” en el subconsciente colectivo. De una vez por todas las dos Españas querían ser una… y la “Libertad sin ira” quería dejar de ser la letra de “una canción con mensaje” para ser una realidad política y social.

Lo más grave, informativamente hablando esta semana, no ha sido la muerte, más que esperada, del mejor Presidente del Gobierno de la España Democrática, sino que 67 policías han resultado heridos, algunos machacados a adoquinazo limpio por vándalos que utilizan la violencia organizada, al amparo de una tibia  y mal entendida libertad democracia, en la que se confunde libertad y libertinaje. Y para eso, ¡digo yo¡ no trabajaron tanto Suárez, Carrillo, Fraga, Tarradellas, Felipe González, mi padre, seguramente el padre de muchos de ustedes, y todos los que hicieron posible el milagro de “La Transición Española”.

El otro espectáculo, esperpéntico, descerebrado y rastrero de esta semana ha sido la grave micción independentista de Artur Mas fuera de tiesto (y a chorro grueso) a costa del fallecimiento de Suárez.  Si Suárez hubiese tenido hoy treinta años menos, desde su integridad política y personal le hubiera dicho a Artur Mas aquello de “puedo prometer y prometo” que para romper la integridad de España, querido Artur, tendrías que pasar por encima de mi cadáver. Y Suárez el 23-F demostró que los tenía bien puestos ¡y no como otros…¡

No puedo dejar de sentir tristeza viendo como la condición humana no mejora, o mejoramos a paso de tortuga… Seguimos, colectiva e individualmente, intentando enterrar “vivo” al vivo, y cuando lo hemos enterrado, fingimos  implorar su resurrección a base de un cansino y lastimoso boato verbal.

Gracias Presidente, acuérdate de nosotros. A muchos se les olvida que la democracia y la libertad son tareas siempre inacabadas y que hay que cultivarlas y cuidarlas día a día y siempre desde la unidad y nunca desde la irresponsabilidad. Descansa en Paz.

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