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¿Esperando el qué?

per Luís Domingo Millán

domingo millan1Somos fruto de la imprudencia con nuestro entorno habitable. Destrozamos y manipulamos todo aquello que es común a nuestros intereses. Ya se sabe, criticar no cuesta nada y destrozar nuestro medioambiente menos. Nos arropamos de un vestido impropio para nuestras necesidades. Siempre permanecemos en el absurdo del inconsciente deseando que la suerte nos acompañe desde que nos despertamos hasta que nos acostamos. Esperamos el perdón de los pecados, que nos toque algún sorteo, que seamos más guapos e inteligentes que nuestro vecino, en pocas palabras, ser un triunfador en la vida, esa misma que es la muerte; se nace para morir y sin muerte no hay vida. Por eso, como decía el poeta, quien espera, desespera, por una cita amorosa, por un buen trabajo, etc, etc, etc.

La gloria de los elegidos es ambigüa y perecedera, hoy estás arriba, mañana a caer toca. Por mucho que tú pongas resistencia, existe la teoría del caos que es la que determina que la fatalidad existe y, como tal, se manifiesta cuando menos tú lo piensas y es, así, cuando tú te haces la pregunta de siempre: ¿Qué he hecho yo para merecerme esto?

La fatalidad no tiene edad ni tiempo, pulula en nosotros mismos, con la procesión de la carne hace el resto, es alegría para hoy y un llanto para mañana en el tic-tac de nuestros relojes.

Y es que la vida es comedia, sueños e indagación en el aquí y el más allá esperando encontrar el tesoro siendo tú mismo la fortuna, por eso, las falacias de la mente nos juegan malas pasadas, creemos en la perfección como búsqueda y caemos en ella con la pérdida de sentimientos hacia los que nos rodean logrando el desprecio de nuestros paisanos.

No hay que esperar un cambio político, hay que crearlo. No hay que esperar a tener un amor, una casa, un trabajo, un viaje, un sueño… Ésto también hay que crearlo. La suerte del azar sí que es cosa de paciencia, la vida y la naturaleza no esperan, luchan por crearse y multiplicarse sin esperar al más allá ni a los milagros de la aurora ni las hermanitas de los pobres. Por tanto, las dudas son humanas y, como tales, suelen ser a veces, malas consejeras cuando uno hace de la espera una duda o un vacío a la nada. Y es ahí, cuando realmente se llega a ese instante de precisión con la cuestión de siempre: ¿Esperando el qué?

Font: Luís Domingo Millán./





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